sábado, 3 de marzo de 2012

EL MISTERIO DEL TESO SANTO


EL MISTERIO DEL TESO SANTO DE SANTIZ (SALAMANCA)
Era un día, del año 1993, mi abuela Librada Mangas Juan, con 90 años, diáfana, en sus cabales, mantuve una conversación grabada con ella durante 90 minutos. Yo LUIS DANIEL GARCÍA HERNÁNDEZ, me había contado de donde procedía el nombre de Teso Santo, en el municipio de Santiz. ¿Por qué no seguir manteniendo la tradición? ¿Por qué no explicar el relato? ¿Hemos de conservarla? Como buen nieto la guarda intacta. Me he comenzado a cartear con JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ PEÑA, descendiente de santiceños, el cual, me pidió le contara el misterio que rodea al Teso. Le envié el relato y me animó a escribirlo en la página Web de nuestro pueblo. Me decía: “Luis Daniel, vale la pena que desde la ciudad de Necochea, de la República de Argentina, aportaran esta descripción, hijos del pueblo de nuestro municipio”. Me he ceñido a sus palabras y lo hago muy ilusionado, al fin de cuentas, es un homenaje póstumo a mi abuela Librada que emigró, pensó y murió queriendo a Santiz. ¿Leyenda, misterio, historia? Tiene los tres ingredientes. Una leyenda, un misterio encubierto o una realidad histórica: EL TESO SANTO como actualmente se le conoce. “Cuentan que, existió una época, en que los habitantes de Santiz, por distintas razones, algunas por buena fortuna en sus tareas; otras por poca suerte en la vida; o por falta de costumbre y algún etc., todos tenían el mismo denominador común: pocos necesitaban visitar la casa del Señor que es la Iglesia. Ardua tarea para el Sr. Cura y para su fiel Sacristán, lógicamente, no de carrera formativa, que le ayudaba fielmente a su jefe en las tareas diocesanas. El Sr. Párroco al ver la crisis de identidad que existía en su comunidad religiosa, planeó en contra de sus principios, que a los grandes problemas, le corresponden grandes soluciones, antes que el Sr. Obispo le tirara de las orejas por la falta de implicación de los feligreses a los que debía motivar.Una mañana llamó a su fiel Sacristán y le mostró que del altar faltaba la imagen del Sr. Crucificado. Le arengó para que corriese la voz entre los ciudadanos, de que CRISTO, según el padre Cura, se había ido del pueblo, pensando que allí nadie lo precisaba, puesto que, no concurrían, a visitarle para pedirle, agradecerle, arrepentirse, pedir perdón, o simplemente cumplir con su firme convicción de fe. Lógicamente, el fiel compañero, no olvidó comentar que, el Sr. Párroco, no quería asustar a nadie pero que, posiblemente, sin la presencia del Señor, las cosas, seguramente, cambiarían, y si bien, nuestro Padre no se ofende con sus hijos y siempre los protegerá, volviendo ellos a visitar su casa y rezando, tal vez, vuelva, al ver que lo necesitan. Pasan los días y la respuesta es nula. Siguen viniendo las mismas pocas abuelas y algún pibe llevado de las orejas. EL Sr. Párroco aplicó el modo que pensó también como solución segura e instruyó a su sacristán, para subir al Teso, el punto más alto de la población de Santiz (Salamanca). Le entregó una gran vela que debía encender cuando oyera la primera campanada de la Iglesia. Así lo hizo y en el redoblar de las mismas los feligreses llegaron a la Iglesia, donde el Sr. Padre Cura, hizo su mejor trabajo con una homilía para que la complicidad y la escenificación fueran perfectas. A los congregados les enseñó la luz que se veía en lo alto del Teso, lo mencionó y convenció a todos que era una señal del Señor y que debían correr todos hacia el lugar con él a la cabeza. Cuando llegaron la luz de la vela ya la había apagado nuestro amigo, pero quien se iba a fijar en eso. El Sr. Cura, con celeridad, movió un poco la tierra, en un lugar preconcebido, donde encontró envuelto en un paño la imagen del SEÑOR CRUCIFICADO. Este hecho conocido por MISTERIO devolvió a los feligreses la costumbre, necesidad, devoción, amor y fe al pueblo, junto con la imagen de Nuestro Señor, con toda la alegría que eso significa.”Y de este Misterio el TESO recibe el nombre de SANTO de ahí el TESO SANTO que hoy forma parte de la historia de SANTIZ.
RELATO: LUIS DANIEL GARCÍA HERNÁNDEZ (NECOCHEA REPÚBLICA ARGENTINA)
REDACCIÓN DEL TEXTO: JOSÉ A. RODRÍGUEZ PEÑA